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| Argentina - Mitos |
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| La Dama de la Vela |
| Cuentan los habitantes de la ciudad de Corrientes que en el
edificio de la Escuela Normal “Juan Pujol”, una antigua construcción señorial, suele verse
por las noches a una bella joven, hermosamente vestida con un largo traje de encaje blanco
y una capa de pana roja, recorriendo los pisos y escaleras de mármol con una vela encendida
en la mano. Ante las primeras luces del alba, la misteriosa criatura se desvanece. |
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| La Dama Vestida de Negro |
| En San Gregorio, localidad cercana a Venado Tuerto, Provincia de
Santa Fe, sus pobladores relatan que una mañana de cerrada llovizna, un abastecedor del
frigorífico Maru de Rufino encontró en la ruta 14 a una mujer vestida de negro que hacía el
tradicional gesto de autostop. La llevó hasta la ciudad y cuando la dama se bajó, tras
agradecerle por haberla acercado hasta escasa media cuadra de su casa, le dijo su nombre:
Nancy Núñez. Poco después, el hombre se enteró de que Nancy Núñez había fallecido un año y
medio atrás en un extraño accidente, cuando la avioneta que piloteaba su marido había perdido
una de sus ruedas impactando en el auto que ella conducía, lo que le había causado la muerte
instantáneamente. El sorprendido abastecedor descubrió también que el lugar en donde había
parado para levantar a la mujer, entre Cristophersen y San Gregorio, era exactamente el sitio
donde había ocurrido la tragedia que poco antes había conmocionado a la localidad. Otros
testimonios dan cuenta de la misma aparición, en la misma ruta, a la altura del lugar del
accidente. |
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| La Dama Vestida de Blanco |
| En distintas ciudades de la Argentina circula este relato, con
algunas variantes mínimas, que tiene como protagonista a un joven que concurre a una fiesta,
baile o lugar de diversión nocturno. Allí conoce a una bella muchacha de vestido blanco a la
que invita a bailar y de la que se enamora instantáneamente. A cierta hora de la noche se
ofrece a acompañarla hasta su casa y le presta su abrigo para protegerla del frío. Al día
siguiente, el muchacho vuelve a la casa de la joven con intención de verla nuevamente y es
atendido por los padres de ella, quienes con sorpresa y estupor le informan que la muchacha
ha muerto uno o dos años antes. El enamorado no entra en razones, motivo por el cual los
afligidos progenitores lo llevan hasta el cementerio con el propósito de que, al ver la tumba,
el muchacho se convenza de la verdad de sus dichos. Al llegar a la tumba, la estupefacción
estalla en los tres, al descubrir que sobre la lápida descansa el abrigo que el muchacho le
había prestado a la joven la noche anterior. |
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| La Dama del Cementerio |
| Un caso parecido es aquél que cuenta que un hombre quedó encerrado
en el cementerio al terminar el horario de visitas. Inquieto comenzó a dar vueltas por el lugar
en busca del sereno para que le abriera la puerta. No lo encontró pero advirtió que frente a una
tumba estaba una mujer de pie (según las variantes del relato, puede tratarse de una niña, una
adolescente o una mujer adulta). El hombre se le acercó entonces y le contó su situación,
alegrándose de ver a alguien más por allí. La mujer le respondió que a ella le había ocurrido
lo mismo y que no se preocupara, ya que conocía un lugar desde donde podrían salir. Con la dama
como guía, el sujeto la siguió entre las lápidas, hasta que ella se detuvo indicándole una de
las paredes perimetrales del cementerio. Al comprobar que no había ninguna puerta, el hombre le
preguntó cómo hacer para salir por ese lugar inaccesible. –Así– le respondió la mujer mientras
atravesaba el muro. |
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| El Perro Extraño |
| Cuentan en el barrio de La Boca, en la ciudad de Buenos Aires,
que hace muchísimos años dos ancianos encontraron un perro abandonado. Sintieron lástima por
el animalito que, pese a su aspecto extraño, los miraba con ojos de mucha ternura. Le dieron
de comer y lo asearon, incorporándolo a la vida familiar. Cierta vez el perro presentó
síntomas de decaimiento y lo llevaron al veterinario para que lo atendiese. El facultativo,
tras revisarlo, no pudo encontrar las palabras adecuadas para decirles a los afligidos amos
que lo que habían recogido no era un tierno ejemplar de raza canina sino una enorme rata. |
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| Romeo y Julieta Criollos |
Cuenta la tradición que la aristocrática familia Anchorena vivía
en el actual Palacio San Martín con más de 150 sirvientes. Hacia 1920 sus miembros decidieron
construir la iglesia del Santísimo Sacramento como futuro sepulcro familiar. Quiso el destino
que uno de los Anchorena se enamorara perdidamente de Corina Kavanagh, una joven de familia
adinerada, aunque no patricia. El romance no tuvo la aprobación de los padres del muchacho y
finalmente los novios tuvieron que separarse.
Corina entonces pergeñó una particular venganza, no de sangre, pero sí estética. Ordenó
levantar en San Martín y Florida un edificio cuyo único requisito fue que le impidiera a la
familia Anchorena la vista a la iglesia mencionada desde su soberbio palacio. Aún hoy pesa
la “maldición” arquitectónica, ya que el edificio Kavanagh sigue obstaculizando la visión del
templo católico. |
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| El Vampiro de Flores |
Tiene como protagonista a Belek, un enano que llegó a Buenos Aires
con el Circo de los Zares proveniente de la zona de los Cárpatos. Al igual que el conde Drácula,
Belek fue expulsado luego de que Boris Loff, el dueño del circo, junto a dos testigos: la Mujer
Barbuda y el Hombre Bala, lo encontraran prendido al cuello de una mona integrante de la troupe
circense.
Pero el mito, apenas comienza aquí. El verdadero horror se desató cuando Belek se refugió en
una casa abandonada del Bajo Flores y comenzaron a desaparecer misteriosamente todos los gatos
del barrio. El relato cuenta que los vecinos protegieron sus casas con ristras de ajo mientras
portaban crucifijos por las calles, por temor a ser atacados. Una noche de invierno, cerca de
la estación Flores, los hombres del barrio lograron cazar al vampiro con una improvisada red,
fabricada con la malla de un arco de fútbol, pero éste se les escapó furtivamente. Algunos
aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sale de tanto en tanto a producir estragos
entre los desprevenidos transeúntes. |
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| La que se Murió de Amor |
| Este mito tiene raíces en la historia del país. Cuenta la
tradición que cuando la joven Felicitas Guerrero se casó en 1862 con Martín de Álzaga, un
hombre mayor y acaudalado, era una de las mujeres más bellas de la sociedad porteña. Al año
siguiente de la boda y tras perder a su único hijo, Felicitas quedó viuda con apenas 26 años.
A su hermosura sumaba el hecho de ser una de las fortunas más grandes de la Ciudad de Buenos
Aires, lo que la convirtió en objeto de admiración y requerimiento de muchos pretendientes.
Entre ellos estaba el celoso Enrique Ocampo, a quien la viuda rechazó sin miramientos. Quiso
el destino que el enamorado descubriera que la causa de tal rechazo era la preferencia de
Felicitas por el estanciero Samuel Sáenz Valiente. Enfermo de rabia, Ocampo mató a la muchacha
con un disparo en la espalda y al instante se suicidó. Los Guerrero mandaron construir, en
homenaje a su hija, una capilla ubicada en la calle Isabel La Católica, entre Brandsen y Pinzón.
Los vecinos del lugar sostienen que cada 30 de enero, fecha de la muerte de Felicitas, aparece
su fantasma con el torso ensangrentado, vagando errante durante toda la noche hasta el
amanecer. Es frecuente –agregan– que muchas mujeres se encomienden a ella para encontrar un
gran amor o para conservar el que ya tienen. |
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| La Criatura Acechante |
| Cuentan los vecinos de Ciudadela, Provincia de Buenos Aires, que
cierta noche un colectivo de la –por entonces– línea 237 pasaba en su habitual recorrido por
la Avenida Alvear. Al llegar a la altura del Cementerio Israelita, uno de los pocos pasajeros
que viajaban a esas horas, vio una nube blanca que provenía del camposanto y que se acercaba
hacia el vehículo. Cuanto más se aproximaba, se definían y perfilaban nítidamente sus rasgos
de mujer. Durante un breve lapso, la extraña criatura acompañó el paso del transporte,
flotando a la par, hasta que finalmente se desvaneció ni bien el colectivo abandonó la zona
del cementerio. |
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| El Accidente del Chofer |
| Cuenta el relato que una noche en Rosario, Provincia de Santa Fe,
frente al cementerio "El Salvador", un chofer de colectivo de la línea 114 iba conduciendo el
vehículo medio dormido, luego de una jornada de intensa labor. De pronto, una chica se le
atravesó en la calle, cruzando de manera imprudente. El hombre intentó clavar los frenos, pero
fue inútil: la muchacha fue arrollada. Asustado por lo sucedido y presa de la desesperación,
el conductor decidió huir. Luego de varios minutos de escape a toda velocidad y sin detenerse
en las paradas establecidas, vio por el gran espejo retrovisor que la víctima estaba sentada
en el ultimo asiento del colectivo, mirándolo fijamente y llorando. |
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| Los Fantasmas del Subte |
Varias historias circulan en torno a los subterráneos de la
ciudad de Buenos Aires, que tienen como escenario principal las estaciones de la línea A, la
primera de la red inaugurada en 1913, que actualmente une Plaza de Mayo con Primera Junta.
Una de ellas cuenta que un antiguo operario de la estación Sáenz Peña concurrió a los sanitarios
en horas de servicio y encontró en ellos a un hombre degollado sobre un charco de sangre. De
inmediato el atribulado empleado dio el alerta al personal de seguridad de la estación, quien
acudió rápidamente a inspeccionar el lugar, encontrando el sitio en perfectas condiciones y sin
ningún rastro de violencia. El veredicto fue unánime: se trataba de una alucinación.
Al día siguiente, volvió a repetirse la situación, aunque el protagonista fue esta vez otro
empleado. Durante largo tiempo, muchos fueron los trabajadores que afirmaban haber visto al
degollado en el baño de esa estación.
Otra historia de aparecidos tiene como escenario el tramo comprendido entre las estaciones
Alberti y Pasco, aunque su figura central esta vez es una extraña mujer en traje de novia.
Cuentan los dichos que se trata del fantasma de una joven a la que su prometido abandonó ante
el altar, circunstancia por la cual la muchacha habría salido intempestivamente de la iglesia
y se habría arrojado a las vías del tren. Otra versión, más romántica aún, señala que la
ceremonia del casamiento se realizó pero al tratarse de una unión concertada por los padres
de los novios, la muchacha prefirió suicidarse al salir de la iglesia antes de contrariar su
propia voluntad. |
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| El Hombre sin Ojos |
| Relatan algunos habitantes que hace tiempo solía verse a un
hombre sin párpados deambular por los vagones de la línea de ferrocarril Mitre. Numerosos
testimonios daban cuenta de que siempre subía o bajaba del tren en la Estación Coghlan.
Sobre su aspecto circulaban distintas explicaciones. Según algunos, se trataba del alma de
un muerto que se había suicidado arrojándose a las vías. Según otros, era un hombre de la
zona que al momento de morir padecía una terrible infección ocular. Más allá de estas
discrepancias, todavía muchos vecinos del lugar buscan en el andén los ojos del hombre
sin párpados, a los que se le atribuyen poderes mágicos. |
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